Nuestras casas pretenden captar o recibir la mayor cantidad de luz, dejando la menor cantidad de lugares oscuros o más bien sin luz natural. Pensamos que al tener más luz, mejor es nuestro estilo de vida, ya que se cree, que despeja el alma, y da vitalidad a nuestro cuerpo. Cuando encontramos una casa con demasiados lugares con penumbra, los desechamos, pensamos que en aquel lugar, la vida no será prospera, o existirán malas vibraciones.
Nuestra cultura occidental, aprovecha al máximo la luminosidad, y para poder destacar algo en esa inmensa luz, lo hace resaltando las piezas, con brillo o pulido.
Todo lo contrario es en la cultura oriental, disfrutan la penumbra, lo poco luminoso, y también, lo que no resalta por su brillantez o destello, prefieren “lo simple”. Destacan dentro de la penumbra con unos pocos rayos de luz.
Vivir en la penumbra, con escasos rayos de luz para nosotros seria estresante, llegaría al punto de nuestra desesperación no recibir algún rayo de luz. Ya que para nuestra cultura occidental siempre se ha venerado el sol…Desde las culturas originarias de América (adoraban al Dios del sol, o sea a la iluminación).
Se me hace difícil comprender a la cultura oriental, o más bien, el extracto del libro de Junichiro Tanizaki, El elogio de la sombra, ya que como mencione anteriormente, nos destacamos por la luz en todos los ámbitos, desde un adorno, nuestra casa, hasta la arquitectura de nuestros edificios.
